Sobre la ficción de la representación

De la representación de la ficción legal
Publicado por Ra en 16 enero, 2018

En consecuencia, por representación se ha de entender el conferir a una persona (representante) la facultad de actuar y decidir (dentro de ciertos límites) en interés y por cuenta de otra (representado).

De esta definición se pueden extraer los diferentes elementos de la misma:

1. La actuación del representante en nombre y por cuenta del representado, lo que puede derivarse de una forma expresa, o bien tácita, o bien derivarse de las circunstancias concurrentes de las que se deriva que el representante actúa en nombre y por cuenta del representado; aunque en la representación indirecta el representante actúa en nombre propio a pesar de que lo haga por cuenta del representado.

2. La actuación del representante con poder de representación, que puede derivar de la Ley (representación legal) o bien por poder otorgado por el representado (representación voluntaria), aunque también puede darse cuando no concurre el poder, que se suple por la ratificación.
Lo esencial de la representación es la eficacia del negocio jurídico (el denominado negocio jurídico representativo) que el representante ha realizado y que recae sobre el representado. Los efectos del negocio jurídico realizado por el representante son válidos y eficaces en favor del representado.

La representación implica la sustitución de la voluntad de una persona por otra en la constitución o formación de un negocio jurídico, actuando el representante dentro de las facultades conferidas. En consecuencia, se ha de dar el concurso de las siguientes condiciones:

1. Que el representante manifieste su propia voluntad.
2. El representante ha de actuar en nombre del representado.
3. El representante ha de hallarse facultado para declarar su propia voluntad en lugar de la del interesado, es decir, ha de tener el denominado poder de representación, y en defecto del mismo el negocio jurídico es ineficaz. Ahora bien, esta autorización puede ser anterior, simultánea, o posterior a la formación del negocio jurídico.
Con base a estos requisitos el ámbito de la representación se apoya en dos ideas básicas, cabe dentro de la autonomía de la voluntad (así en supuestos de patria potestad o tutela) y no cabe en relación a los actos personalísimos (matrimonio, testamento, etc.).

En consecuencia, la representación alcanzará, en primer lugar a los actos y negocios jurídicos “inter vivos”, y de igual manera para adquirir la posesión (artículo 439 del Código Civil) y para los contratos (artículo 1259 del Código Civil), también para interrumpir la prescripción.
Como se ha establecido al comienzo el poder de representación puede ser otorgado por la Ley o por la voluntad del representado, a través del negocio jurídico de apoderamiento; el primer supuesto es la representación legal, y en el segundo la representación voluntaria.
Distinción que se deriva del artículo 1259.1 del Código Civil al disponer: “Ninguno puede contratar a nombre de otro sin estar por éste autorizado o sin que tenga por ley su representación legal.”
Definición de ficción según el DRAE:

ficción
Del lat. fictio, -ōnis.
1. f. Acción y efecto de fingir.
2. f. Invención, cosa fingida.
3. f. Clase de obras literarias o cinematográficas, generalmente narrativas, que tratan de sucesos y personajes imaginarios. Obra, libro de ficción.

ficción de derecho, o ficción legal
1. f. Der. ficción que introduce o autoriza la ley o la jurisprudencia en favor de alguien; como cuando al hijo concebido se le tiene por nacido.

http://dle.rae.es/?id=HqnhtmK
¡¡¡Fortitudine Vincimus!!!

¿No blasfeman ellos el buen nombre por el cual habéis sido llamados?
Si en verdad cumplís la ley real conforme a la escritura: amarás a tu prójimo como a ti mismo, bien hacéis.
Pero si mostráis favoritismo, cometéis pecado y sois hallados culpables por la ley como transgresores.
Porque cualquiera que guarda toda la ley, pero tropieza en un punto, se ha hecho culpable de todos.
Santiago 2: 7-10

“Nuestra democracia se autodestruye porque ha abusado del derecho de igualdad y del derecho de libertad, porque ha enseñado al ciudadano a considerar la impertinencia como un derecho, el no respeto a las leyes como libertad, la imprudencia en las palabras como igualdad y la anarquía como felicidad…” (Isócrates 350 a.C.)

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